22 de junio de 2008

GINECOLOGÍA ACTUALIZADA

POR LILLIAM FONDEUR

Nueve meses entretejiendo sueños

La doctora que atiende a Isaura no entiende por qué la cantidad de preguntas que ella hace sobre el estado de su embarazo. Parece un disco rayado preguntándole si su hija está bien. “Ya te he dicho, la sonografía salió muy bien. El corazón de tu bebé late perfectamente. No tienes porque preocuparte”. Isaura respira y con su exhalación se va el temor, al menos por unas horas.

La cara de angustia de Antonio, su compañero de trabajo en la fábrica, no se la puede quitar de la cabeza. Hace ocho meses su hijo murió al nacer. Marisol, su esposa, está desconsolada, no se repone de la pérdida. Todavía la encuentra llorando a su hijo. Fueron nueve meses de mucha ilusión, entretejiendo sueños.

Marisol tuvo un feliz embarazo, sin complicaciones. Con todo el sacrificio que implica para una pareja joven y pobre prepararle una habitación a su primogénito. Cuando dio a luz, su bebé murió. Había nacido sin las paredes del estómago, y no podía respirar.

Cuando Antonio coincidía con Isaura le preguntaba por el embarazo, y le insistía: “No te lleves de los médicos, pregunta, pregunta cómo está tu bebé, mi mujer todavía no para de llorar”. Le apuntó el problema con que nació el niño para que ella preguntara por eso, agenesia diafragmática bilateral severa.

Isaura le lleva el nombre a su doctora y esta le responde: “Es una alteración embriológica. La ausencia de la cúpula del diafragma trae como consecuencia que las vísceras abdominales asciendan comprimiendo los pulmones y el corazón”.

“¿Por qué no se dieron cuenta antes? Ojalá a mi bebé no le pase”. Con toda la frescura de la desinformación, se dice: “Si me pasa a mi, mejor perderlo antes, y no esperar a que nazca para que muera”.

Aunque se hubiesen dado cuenta antes, por ley tienes que cargar con ese embarazo hasta que llegue a término. No puedes desembarazarte antes. En ningún hospital te van ayudar a no tenerlo. Isaura no entendía. “¡Es imposible!”, gritaba, “¡Yo me lo saco!”

La doctora miró por la ventana. Se perdió entre los flamboyanes, buscaba las palabras que mejor expresaran sus ideas. Es un problema de las mujeres pobres, las que tienen dinero lo resuelven. En nuestro sistema de salud, las pobres están excluidas. Las leyes no son iguales para todas. Todo depende, según como se mire, todo depende.

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