14 de septiembre de 2008

Desafiando a la muerte

Desafiando a la muerte
En un gigantesco vivero de plantas endógenas nos encontramos con el presidente provisional Héctor García Godoy, a quien todos de buenas ganas estrechamos la mano, minutos antes del inicio de un acto donde se dejaba inaugurada una jornada de reforestación.
Por ANULFO MATEO PÉREZ

Un grupo de jóvenes habíamos decidido hacer una travesía por la cordillera Central, sin proponérnoslo, para desafiar a la muerte. En mayo de 1966, el día del árbol, iniciamos el viaje en un viejo autobús desde San Juan de la Maguana hasta Constanza, tomando el escabroso camino que atraviesa a San José de Ocoa.

Se trataba de un grupo de boys scouts, que deseaba la vivencia de cómo llegar al Cibao, sin tener que hacer la ruta obligada por Santo Domingo ni la carretera Internacional. Estando entre montañas y precipicios y casi al oscurecer, el chofer se desmontó y, moviendo la cabeza de un lado a otro, dijo que no seguiría esa ruta tan peligrosa y que prefería devolverse.

Con pasión convencimos al conductor del vetusto vehículo a continuar la marcha. En un ambiente húmedo y frío, bajaron los de mayor edad, y quitando rocas del camino iban haciendo el trillo para continuar el viaje, entre precipicios y elevaciones monumentales, hasta llegar a las Pirámides. Pasado el susto, todo se hizo más fácil y llegamos a Constanza.

Desafiando a la muerte, habíamos llegado al valle encantado con olor a rosas y pintado de montecasinos, donde casi siete años antes -el 14 de junio de 1959- había pisado un puñado de valientes que, procediendo de Cuba, aterrizó bajo el mando del ex-capitán Juan de Dios Ventura Simó, para combatir a la dictadura trujillista.

En un gigantesco vivero de plantas endógenas nos encontramos con el presidente provisional Héctor García Godoy, a quien todos de buenas ganas estrechamos la mano, minutos antes del inicio de un acto donde se dejaba inaugurada una jornada de reforestación.

Hace unos años, escribí una crónica para tomarles el pelo a los lectores del diario digital Barrigaverde.net, narrando que un viejo sueño se hacía realidad con el inicio de los trabajos de la autopista Sur-Cibao, la cual sería de cuatro carriles, con túneles, paradores y un tren que llevaría a turistas desde esa vía hasta el pico Duarte.

Como siempre, muchos lectores no llegaron al final, ignorando que se trataba de una broma el día de los Santos Inocentes. Llamadas telefónicas, faxes y correos electrónicos se entrecruzaban desde Estados Unidos, Europa, América Latina y otras latitudes. El asunto, tomado en serio, se esparció como reguero de pólvora.

El obispo de la diócesis de San Juan, José Dolores Grullón Estrella, un sanjuanero nacido en Guayabal de Santiago de los Caballeros, antes y después de la broma y siguiendo el trillo de los animales que van y vienen del Cibao, ha insistido como un Quijote en hacer ese camino a pico y pala desde la comunidad de El Ingeñito.

Por iniciativa del senador de la provincia San Juan, Ramón de la Rosa, la broma se va convirtiendo en verdad, y acaba de ser acogida por la Comisión de obras públicas del Senado. Tengo la certidumbre de que en algunos años, muchos sureños comenzarán a hablar con la “i” y otros tantos cibaeños con la “r”.

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