20 de septiembre de 2008

El Diablo Cojuelo

El Diablo Cojuelo
Es de lamentar que nuestro país transite hoy por un momento en que el periodismo comprometido con las mejores causas parece estar a punto de zozobrar ante el embate de la perversidad del poder político, del capital, de los negocios espurios.
Por ANULFO MATEO PÉREZ

Aunque cierto ejercicio del periodismo se ha visto desvirtuado en su ética y legítima función social, esto no quiere decir que esa profesión no sea una de las más dignas, gratificantes y transformadoras de la sociedad.

Es de lamentar que nuestro país transite hoy por un momento en que el periodismo comprometido con las mejores causas parece estar a punto de zozobrar ante el embate de la perversidad del poder político, del capital, de los negocios espurios, fuerzas avasallantes que corrompen todo a su paso.

Ya son muchos los que se dedican a acumular fortuna defendiendo las peores causas. Otros mantienen en alto la esencia de comunicar y opinar para defender lo mejor de la sociedad, en particular el patrimonio público, los valores democráticos y la libertad, aunque esa actitud conlleve riesgos de todos los tipos.

Siempre ha valido la pena cumplir esa responsabilidad. Grandes escritores y políticos han pasado por el tamiz del buen periodismo y se han encumbrado como verdaderos astros, para dar luz en los momentos más oscuros de nuestros pueblos antillanos y latinoamericanos.

José Martí, más que todo, fue un periodista crítico, indulgente y justo. Desde la adolescencia había descubierto su vocación por ese noble oficio, que le permitió divulgar sus ideas emancipadoras. Siendo muy joven fundó el periódico “El Diablo Cojuelo”, cuya primera edición apareció el 14 de octubre de 1869.

A partir de los 16 años, Martí se abrazó a su vocación de periodista. Decía el también escritor y poeta, que la prensa no es aprobación bondadosa o ira insultante. Es proposición. Estudio. Examen y consejo. Y lo decía bajo el yugo colonial español.

Ese periodismo está proscrito en nuestro país. Peor, está herido de muerte, y, aún así, algunos “testarudos” insisten en arriesgar su tranquilidad y sus vidas para mantener en alto uno de los baluartes de la libertad. Los enemigos de la verdad han decidido ahora cebarse contra Huchi Lora, Nuria Piera, Alicia Ortega, Vianco Martínez, entre otros. Y se extiende a propietarios y directores de medios.

Antes lo hicieron contra Guido Gil, Orlando Martínez, Gregorio García Castro, Marcelino Vega, Narciso González, Juan Emilio Andújar Matos, Lalito González y Normando García, nombres que engrosan una larga lista de periodistas asesinados.

La trama contra la vida de Narciso Isa Conde se inserta en ese tipo de intolerancia, cobijada por la impunidad. Al parecer aquí existe el caldo de cultivo para que el gobierno de Colombia, por órdenes de su presidente Álvaro Uribe, se atreva a extender sus garras hasta nuestro país con ese propósito.

Sin lugar a dudas, el ambiente está enrarecido, con tendencia a empeorarse. Lo más saludable es la unidad de los dominicanos con vocación democrática para frenar tanta perversidad e impunidad. Mucha sangre ha corrido en nuestro país en la defensa del derecho a la libre expresión. Ni un paso atrás.

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