8 de marzo de 2008

La Patria tiene nombre de mujer

Por: Mercedes Alonso

mirabalhermanas.jpg Hermanas Mirabal. Juana-Saltitopa-La-Coronela.jpg Juana Saltitopa (La Coronela). Concepcion-Bona-Hernandez.jpg Concepción Bona Hernández.

Este trabajo pretende rendir tributo a todas las heroínas Dominicanas y a cada una de las hijas de esta noble nación.

La nación dominicana cuenta, entre grandes privilegios históricos, con mujeres de la talla de Juana Trinidad (Juana Saltitopa), cuyo heroísmo y entereza demostrados aquel 30 de marzo de 1844, en la batalla de Santiago, y durante los días de luchas por la independencia, le ganaron el distintivo de La Coronela. De igual manera fue el comportamiento de otra valiente llamada Petronila Gaú, quien se distinguió en la Cuarta Campaña de la Guerra Domínico-Haitiana, principalmente en la Batalla de Sabana Larga. A los nombres de Duarte, Sánchez y Mella y tantos otros que enaltecieron el altar de la Patria, se sumaron verdaderas patriotas, que continuarían insertadas en las luchas políticas relacionadas con la autonomía de la República. Mucho habría que hablar de María Trinidad Sánchez y de Concepción Bona Hernández, esta última fue de las que contribuyó en la confección de nuestra bandera nacional. Madres de la Patria fueron ellas, al igual que Doña Chepita Pérez, María de Jesús Pina, Las hermanas Villa de La Vega, Olaya Sánchez, Josefa Brea, Ana Valverde, entre tantas que lo arriesgaron todo por la libertad que hoy disfrutamos. Creada la República y cumplida la Restauración, el país se organizó en disímiles tareas, en las cuales tuvo a la mujer como protagonista de la Educación y las letras. Hubo quienes brillaron con intensidad y luz propia, como Salomé Ureña de Henríquez y la propia Camila Henríquez Ureña. Habría que mencionar, en los años que antecedieron a la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, los primeros movimientos feministas que impulsaron los propósitos democráticos y plantearon con objetividad el lugar que debían ocupar las mujeres en la sociedad. Fue aquí donde las hermanas Mirabal desarrollaron lo que algunos escritores denominan “escudo femenino dominicano con que se encontró el Trujillo en el ocaso de su dictadura”. Precisamente, de una de estas mujeres humildes y sencillas, nacidas del corazón de la tierra dominicana, ejemplo en sus roles de hija, esposa, hermana, amiga, patriota y heroína, tratan las líneas que siguen. Se llamará Patria El 27 de febrero del año 1924, República Dominicana conmemoraba 80 años del Día de la Independencia Nacional. Casi finalizaba la primera intervención norteamericana en el país, iniciada en 1916, y justo en esa fecha nacía Patria Mercedes Mirabal. Dos años antes, se graduaba en la escuela militar para jóvenes dominicanos instaurada por los ocupantes norteamericanos, el hombre que 36 años después pondría fin a su vida y a dos de sus hermanas. Los padres no dudaron acerca de cómo nombrarla: “Patria, se llamará Patria”. No podía ser otro el nombre de la hermosa niña, nacida en un hogar donde la firmeza de espíritu significaba estandarte. De períodos anteriores, la familia guardaba tristes y dignos recuerdos, pues la casa de la abuela materna había sido arrasada por los invasores acusados de proteger a Los Gavilleros, mote con el cual se conocía a los que luchaban contra la ocupación en el territorio dominicano.

El período que siguió a la intervención, hasta el año 30, se conoció para la historia como Danza de los Millones en la economía dominicana, debido al incremento que tuvo el precio de la azúcar a nivel mundial. Rafael Leónidas Trujillo, aquel joven graduado de la escuela militar, escalaría hasta la presidencia y aprovecharía cada lindero de las circunstancias hasta acaparar las empresas nacionales y regir a sus antojos los destinos de la nación. Mercedes Reyes Camilo, doña Chea, y el comerciante y hacendado Enrique Mirabal, fueron los progenitores de las cuatro hermanas: le siguió a Patria, Bélgica Adela, (Dedé), el 29 de febrero de 1925; luego, vendría al mundo María Argentina Minerva, el 13 de marzo de 1926 y, por último, Antonia María Teresa, el 15 de octubre de 1935.

Estoy dispuesta a darlo todo…

Apenas con 17 años de edad se enamoró Patria de Pedro González. Del matrimonio nacieron Nelson Enrique, Noris Mercedes, Juan Antonio (quien fallecería poco después de venir al mundo) y, finalmente, Fidel Raúl Ernesto. A su familia dedicaría Patria lo mejor de sí, sin que esto le limitara como hermana mayor, en su incondicional sostén a Minerva y a las ideas que respaldaban el Movimiento que devendría escudo de ideas revolucionarias en esos difíciles tiempos.

Del contenido ético de sus pensamientos, hablan estas palabras suyas: “No podemos dejar que nuestros hijos crezcan en esta régimen corrupto y tiránico, tenemos que luchar en su contra, y yo estoy dispuesta a darlo todo, aún mi vida si es necesario”(…) "Trujillo no le tiene nada bueno a este país”.

Para los hijos queda claro que el asesinato de su madre y sus tías fue un crimen político, no pasional, como muchos intentaron interpretarlo. Vertical fue también la actitud de Pedro González, el padre, reconocido antitrujillista. En el hogar de ambos se encontraron armas e instrumentos explosivos y fue, precisamente en la casa de Patria y Pedro, en Conuco, que tuvo lugar la primera reunión del Movimiento, el 10 de enero de 1960, con la presencia regente de Minerva, María Teresa y otros dirigentes. Allí se habló de la necesidad de formar un Comité Ejecutivo y enunciar sus postulados. Un día después, en la finca de Charlie Bogaert, en Mao, se aprobó por unanimidad el nombre de “14 de Junio”, en tributo a los expedicionarios que arribaron por Constanza, Maimón y Estero Hondo para luchar contra el tirano.

La década del 50, y el triunfo de la Revolución cubana, el primero de enero de 1959, marcaron pasos decisivos en la organización de los dominicanos fuera y dentro del país.

Revolucionarios de muchos países estuvieron dispuestos a apoyarles en el derrocamiento de la dictadura, a pesar de que la Era de Trujillo había instrumentado gubernamentalmente el terror y la vigilancia policíaca más allá de cualquier frontera.

Entre estos seres afiebrados por el sentimiento de la independencia verdadera se encontraban las Hermanas Mirabal. Minerva, la más avanzada políticamente entre todas, se encargaba de exponer, por primera vez, la idea de organizar un movimiento interno clandestino que acabara con la tiranía. Sus hermanas, junto a otros hombres y mujeres, le acompañaban en cárceles, acciones y, en otros casos, como es el de Patria, asumían incondicionalmente el papel que le correspondía jugar en esos momentos.

Una de las compañeras de lucha de Minerva, Violeta Martínez, asegura que: “la que sostuvo siempre las ideas de Minerva fue Patria, quien la apoyó en todo”. Las reuniones en su casa, la manera de enfrentar el momento que vivían, la actitud de estar cerca de sus hermanas y los esposos detenidos, en las circunstancias que fueran, prueban esta verdad.

Otra de las grandes patriotas dominicanas que estuvieron cerca de las Hermanas Mirabal es Tomasina Altagracia Cabral Mejía (Sina), por cuyas venas corre sangre del Generalísimo Máximo Gómez y quien fue la primera mujer apresada y torturada por los sicarios de Trujillo, una vez develado el Movimiento 14 de Junio. Afirma la inquebrantable mujer que era Patria quien les mantenía informadas en la cárcel de la Victoria. “Minerva me decía siempre que Patria tenía mucho de contrabandista, pues introducía en la celda los papelitos con todas las informaciones, y lo hacía en las formas más difíciles e inimaginables. Era ella quien nos decía cuándo eran mencionados los revolucionarios dominicanos en Radio Habana, las personas que eran detenidas del Movimiento, todo. También nos tenía al tanto de cómo marchaba el trabajo del exilio en Cuba, Venezuela y los Estados Unidos. Porque ella estaba comprometida desde todo punto de vista”, concluye.

¿Extinguir la luz?

En verdad, los frutos del vientre de Patria Mirabal, al igual que las flores que cultivó, contribuyeron con lo que ella misma les infundió: belleza, bondad, armonía y alta condición de la conducta humana. Tanto Noris, como Nelson y el más pequeño, Fidel Raúl Ernesto, a quien la tiranía trujillista impidió disfrutar apenas del calor maternal, son hoy en día, hombres y mujeres que han crecido con el dolor de la ausencia de aquel ser entrañable, pero con la nobleza de su inigualable recuerdo.

El asesinato de las Hermanas Mirabal, catalogadas con razón como flores en la historia dominicana, el 25 de noviembre de 1960, devino brutal manifestación de ese intento por extinguir la luz de las ideas y del patriotismo.

Sirva este sencillo trabajo de homenaje a su memoria, a sus valerosas hermanas y a todas las heroínas de esta épica nación.

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