Nuevamente el civismo del dominicano común se ha sobrepuesto al de los líderes políticos, como lo atestigua la asistencia masiva, ordenada y entusiasta a los centros de votación para elegir nuevos Presidente y Vicepresidente de la República. La actitud de la gente ante la convocatoria cívica tuvo como aliada la adecuada organización de todo el proceso de parte de la Junta Central Electoral, lo que facilitó el sufragio con un mínimo de inconvenientes. Sin duda, el proceso de votación y escrutinio de actas fluyó más ágil que en otras elecciones.
Un punto a favor de la Junta ha sido la distribución a tiempo del material de votación, la simplificación de requisitos para votar y la transparencia. A esto se suma la rapidez de procesamiento y divulgación de resultados. A la hora en que era escrita esta nota (1:00 de la mañana) ya había sido computado el 75% de las actas, con resultados que marcaban una tendencia de triunfo para uno de los candidatos. El proceso de conteo y divulgación de resultados fue por mucho tiempo uno de los elementos traumáticos de las elecciones dominicanas.
Los incidentes no podían faltar, pero no llegaron a significar entorpecimiento apreciable de las votaciones. Generalmente se produjeron entre representantes de partidos adversarios y no entre votantes. La democracia se anota otro motivo de satisfacción.

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