Por ejemplo y para comenzar, qué podía esperarse de un Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) que como reemplazo de Joaquín Balaguer, llevó a Amable Aristy Castro como candidato presidencial. El descenso fue como del cielo a la tierra y por eso la caída fue tan fuerte. Con una trayectoria dedicada casi exclusivamente a hacer fortunas y a maniobrar para asegurarse posiciones en el Estado, Amable, en calidad de ente pensante, es hábil amarrando políticamente y acumulando riquezas. A sus pocas luces conceptuales se agregan su pobre imagen y su apagada voz, cuando se sabe que ambos atributos, vale decir, carisma y oratoria, propias de aptitudes innatas, de talento y estudios, son cualidades sine qua non en todo liderazgo con posibilidades de vencer los obstáculos y lograr metas de largo alcance. Amable puede ser muy bueno como uno de esos políticos pragmáticos para negociar posiciones coyunturales, como una curul o la secretaría general de la Liga Municipal Dominicana que por varios períodos consecutivos dirige, pero hablar de la Presidencia de la República, donde hay que someterse al escrutinio nacional, esas son cosas mayores. No es un asunto de sacar muchos votos, especialmente los cautivos de su partido, sino captar aquellos que al final marquen la diferencia y aseguren la victoria. Amable Aristy, el supuesto candidato de los pobres que apoyó su campaña en papeletazos, y regalando pollos y salamis, no sólo nunca pudo acercarse a los porcentajes mínimos, sino que desperdició los de su propio partido, el atomizado PRSC, hoy al borde de la pérdida del reconocimiento electoral y hasta de su desaparición, encaminándose, de acuerdo a los observadores, a repetir la historia de la Unión Cívica Nacional (UCN) liderada por Viriato A. Fiallo Rodríguez, aquella que tras el ajusticiamiento de Trujillo naciera como Sociedad Patriótica en 1961 y tras su conversión en partido se convirtiera en la principal fuerza política del país. Se recuerda que la debacle de la UCN comenzó cuando Juan Bosch y el PRD, recién llegados entonces del exilio, los derrotaron en 1962, en unas elecciones cuya percepción mediática daba a los cívicos, ganadores por amplio margen, hasta que se produjo el célebre debate televisivo entre el padre jesuita Láutico García y Bosch que revertió la situación. Bosch, acusado a la sazón de comunista y castrista, ganó ese debate que moderara Salvador Pittaluga Nivar, y por vía de consecuencia, las elecciones que lo llevaron a gobernar el país por siete meses. El pésimo desempeño electoral de Amable Aristy -diría un chusco-, sólo puede encontrar como aliento el fallido pronóstico de la cumbre de brujos de Villa Mella, que entre otras pendejadas dijeron que habría una segunda vuelta. La historia cuenta que con Balaguer a la cabeza, el PRSC ganó tres elecciones entre 1966 a 1978, y tres más, entre 1986 y 1994. De la última, señalada como fraudulenta como todas las anteriores, se recuerda que desencadenó una crisis de tales proporciones que dio lugar al recorte a dos años de ese cuatrienio, luego que el candidato “derrotado”, el doctor José Francisco Peña Gómez, se envalentonara y advirtiera que con él y su PRD no se repetiría la historia de Bosch y el PLD en 1990 en unos escrutinios a los que el líder perredeista había asistido por primera vez como candidato presidencial de su partido. Con el apoyo del propio Balaguer, Leonel Fernández, en un atípico frente patriótico, alcanza la presidencia de la República en 1996, y más tarde, en las elecciones del año 2000, el PRSC, con un Balaguer en el ocaso de su dilatada vida política, sacó el 24 por ciento de los votos. Tras la muerte del líder en 2002, llegaron los comicios del 2004, y con Eduardo Estrella como candidato, el PRSC bajó a menos del nueve por ciento de los votos. Y ya lo sabe hasta el barón del cementerio que el pasado viernes el partido de Balaguer bajó a un pírrico 4.59. La pena del PRSC no sólo se expresa en la escogencia de un candidato presidencial que no pudo ganar siquiera en su provincia ni con la ayuda de la Virgen de la Altagracia, sino en su cúpula dirigencial, con Quique Antún y Víctor Gómez Casasnova, a la cabeza, los dos creyendo de manera equivocada que los liderazgos políticos se hacen hablando sandeces en los medios de comunicación.
Aunque menos lastimera, la del PRD es una historia más complicada. El PRD ha tenido dos grandes líderes y dos muy distintas eras. El primero lo fue Bosch su fundador y luego Peña Gómez, ambos fallecidos en 2001 y 1998, respectivamente. La muerte de Peña Gómez se produce lamentablemente el diez de mayo del 98, justo dos años después de haber asistido por tercera ocasión como candidato presidencial en los comicios de 1996, en los que ganó la primera vuelta, pero perdió la segunda ante Leonel Fernández. En el año 2000, una gran parte de los votantes, en particular los perredeistas, se inclinaron por Hipólito Mejía debido sobre todo, a que había sido compañero de fórmula en un proceso anterior, del líder de ese partido, Pena Gómez. El propio Pena Gómez fue el primer confundido y equivocado al prácticamente señalar luego como su heredero a Mejía, un hombre de pocas luces y menos tradición perredeista que venía del socialcristianismo, incluso había sido funcionario de los gobiernos balagueristas como director del Instituto del Tabaco, en Santiago. El gobierno de Mejía habló por él durante cuatro años, y en las elecciones del pasado 16 de mayo, es un pupilo suyo, Miguel Vargas Maldonado, quien le sucede como candidato presidencial, habiendo sustituido los símbolos del glorioso PRD, del “hacho prendío”, “el buey que más jala”, e incluso del propio Pena Gómez, por los de MVP y PPH. ¡Imagínense ustedes, de Peña Gómez a Hipólito Mejía y Vargas Maldonado! ¡Cómo se salva un partido, cómo gana ante un candidato de tanto arrastre como Leonel Fernández, que estando en el poder, en medio de crisis que como las que impactan hoy en el mundo desacreditan liderazgos y gobiernos, sacó dos millones 152 mil 741 votos, lo que equivale al 53,72 por ciento de los depositados en las urnas. Vargas Maldonado, que se ha crecido luego de las elecciones, sacó un millón 624 mil 71 boletas, equivalentes al 40,55 por ciento del total, y como aliento adicional, además de los "papelazos" de Amable Aristy, le queda que otros cuatro restantes partidos que asistieron a los comicios con candidatos propios, sacaron en conjunto 44 mil 069 sufragios, los cuales representan apenas el 1,1 por ciento del total. Entre ellos, se destacan Eduardo Estrella y el mismito Hatuey Decamps con su Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD) que sacaron 19,309, para un pírrico 0.47, menos que la APD, el PQDC, el PPC, el Bloque Institucional y menos que la Unión Demócrata Cristiana (UDC) de Luis Acosta Moreta “El gallo”, cuya campaña se basó en arreglarles los moños malos a las mujeres que no tenían dinero para lucir bellas. ¡Qué calamidad! En los comicios participaron cuatro millones siete mil 205 electores, de un padrón definitivo de cinco millónes 764 mil 986 personas con derecho al sufragio, de las cuales el 97,37 reside en el país y el resto en el exterior, acorde con la JCE. De ellos, el Movimiento Independencia Unidad y Cambio (MIUCA) que postuló a Guillermo Moreno, sacó 18,136 votos, para un 0.44% de los sufragios, y el Partido Alianza Popular (PAP), del "cara dura" Pedro de Jesús Candelier Tejada, fue favorecido con 6,118 boletas, para un 0.15%. A Guillermo Moreno que nunca ha ido a un barrio y la gente pobre sólo lo conoce por los medios de comunicación, y a Candelier que se vendió como un “viejevo” trujillista, los ayuda que el Partido Revolucionario Independiente (PRI), que fundara Jacobo Majluta, el mismo que a la cabeza del PRD perdiera por apenas 2 puntos de Balaguer en 1986, ahora con Trajano Santana obtuvo apenas 1,533 votos, y en el 2002, en las elecciones de medio tiempo, 45 mil, cuando se sabe que en 1990, cuando el PRI acudió por primera vez a unas elecciones, pero con Majluta como candidato, sacó 135 mil votos presidenciales. ¡Qué bajón! Ahorita, andan todos esos partiditos, incluyendo el de Raúl Pérez Peña “Bacho”, Partido de la Auténtica Democracia (PAD) que extrañamente no se mencionó en los actuales comicios, reciclando sus firmas, incluyendo las de muchos muertos, para que se les reconozca nueva vez en la Junta Central Electoral, y volver en las próximas elecciones a llevarse sus tajadas a costilla del pueblo dominicano. Porque para eso es que son creados el grueso de esos partiditos, para hacer negocios y justificarlos enviando notas de prensa a los medios de comunicación con mentiras de obras y actividades abultadas, o que nunca hacen, cual lo hacen muchas ONGs, entre ellas las muchos legisladores y algunas financiadas por organismos internacionales. ¿Líderes? Líderes no los son ni en sus casas. Líderes los fueron Bosch, Balaguer, Peña Gómez, Manolo Tavárez, Francis Caamaño, Antonio Guzmán y Maximiliano Gómez “El Moreno”. Madera de líderes tuvieron Amín Abel y Amaury Germán. Los propios Salvador Jorge Blanco y Hatuey Decamps, dieron señales de liderazgos en su oportunidad, pero perdieron la perspectiva, tan pronto llegaron al poder y se obnubilaron. Porque el poder corrompe a todo aquel que tiene el espíritu débil. Espíritu fuerte tenía Bosch y lo tenía mi padre. ¿Líder? Líder no es todo el mundo ni el que lo presuma. ¿Líder? En todos los partidos y en el seno del pueblo hay gente con madera de líderes, para lo cual se necesita vocación, don de gente, moral, páginas para la izquierda, abnegación, capacidad de convencimiento, espíritu de conciliación y un poquito de Quijote. ¿Líder? Ahora mismo, el único líder acabado y con esas condiciones es Leonel y tiene que revisar y corregir algunas cosas que extrañamente ocurren a su alrededor. ¡No sé mañana! Tal vez aparezca uno igual o mejor que él. Ojala nos encontremos con la reencarnación de Bosch o de Caamaño. Cuando alguien lo encuentre háganmelo saber.
germansantiago@gmail.com





El carro de Antonio de la Maza Que era manejado
por Huascar Tejeda y Pedro Livio Cedeño
Antonio que Trujillo no podía estar herido cuando se inició la balacera. Antonio Imbert es el único otro testigo de los hechos que pudo hacer una declaración formal sin cohersión sobre lo que ocurrió. En su más amplia declaración a la prensa sobre el asunto, en 1964, explicó que el primer tiro, el de Antonio de la Maza, lo trató de dar cuando los dos vehículos estaban paralelos y que apuntó a Zacarías, pero la escopeta le falló. También erró el segundo, porque coincidió con el frenazo que dio Zacarías. A unos 500 metros Antonio Imbert dio la vuelta en redondo y el vehículo se detuvo en el carril derecho de la pista, como a 15 metros del de Trujillo, el cual estaba estacionado a la derecha y del cual tiraban con una ametralladora. Los cuatro héroes salieron del vehículo y tuvo lugar un intercambio de disparos que duró unos cuatro minutos. Considera que Trujillo no pudo haber estado herido al iniciarse la balacera, pues los dos escopetazos de De la Maza habían fallado. No cree que Trujillo disparó con un revólver, tal vez con una ametralladora.
Imbert y De la Maza entonces avanzaron hacia el carro de Trujillo, recibiendo Imbert una ligera herida en el pecho. De la Maza fue por detrás del carro de Trujillo, quien se encontraba parado fuera del mismo. Imbert oyó un disparo de la escopeta de De la Maza, el cual a quemarropa le dio en el hombro a Trujillo quien se quejó por el dolor. Este caminó y se puso frente a las luces de su propio carro, y, en ese momento Imbert le disparó. Trujillo cayó sentado y luego boca arriba, muerto, con la cabeza hacia Haina.
Fue tan sólo en ese momento que llegó el segundo carro, manejado por Huáscar Tejeda y con Fifí Pastoriza y Pedro Livio Cedeño. Este último en ese momento fue herido por un disparo en el vientre, proveniente ya sea de Zacarías, Amado García Guerrero o Salvador Estrella Sadhalá. Imbert fue al carro de Trujillo y tomó un revólver 38 que encontró en el asiento de atrás, y que todavía estaba con su cinturón, por lo que no cree que Trujillo lo usara.
La declaración del chofer de Trujillo
Juzgado de Instrucción de la Primera Circunscripción del Distrito Nacional (21/7/1961)
P. ¿Qué podría usted informarnos en relación al atentado criminal perpetrado la noche del 30 de mayo del año en curso, contra la ilustre persona del Generalísimo doctor Rafael L. Trujillo Molina, y con el cual usted fue herido?
R. Yo era encargado de los vehículos privados del Jefe y era la persona que el Jefe utilizaba como chofer para sus viajes personales tanto en la ciudad como en el interior. Alrededor de las 8 p.m., del día 30 de mayo del año en curso, cuando él se preparaba a dar su acostumbrado paseo por la avenida George Washington, me dijo que me preparara para ir a la Hacienda Fundación.
Yo le pregunté entonces: "Jefe, ¿sigo detrás o lo espero aquí?". Él me contestó entonces: "Espere aquí". Luego, como a eso de la 9:40 p.m., el Jefe regresó del paseo, subió a su casa de la Estancia Radhamés, donde yo lo esperaba y más tarde volvió a bajar, a las 9:45 p.m. Momentos antes, el Teniente Pedro de la M.G.D., y quien servía como camarero del Jefe había preparado el maletín que acostumbraba a llevar el Jefe y que, según me expresó éste, dicho maletín contenía una gran cantidad de dinero por lo pesado que estaba. Partimos de la Estancia Radhamés a la residencia de doña Angelita Trujillo, ubicada en la avenida Máximo Gómez, donde el Jefe permaneció como diez minutos. El Jefe salió de la casa y se montó en la parte trasera del carro marca Chevrolet, modelo 1957, color azul, BelAir. De ahí, conduje el carro por la derecha en la George Washington, avanzando hacia la autopista, marchando a una velocidad estable de 90 kilómetros por hora.
Momentos antes de llegar al Bar Restaurante El Pony, rebasamos un automóvil Mercedes Benz. Proseguimos marcha por la autopista en dirección a San Cristóbal, y aproximadamente después de haber avanzado un kilómetro después del último poste del alumbrado eléctrico, repentinamente sentí un disparo desde un carro que iba detrás con las luces apagadas. Al mismo tiempo que sentí el disparo, que supongo fue de escopeta por la enorme detonación, pude darme cuenta de que el mismo vehículo que creo que nos perseguía, encendió las luces y volvió y las encendió. Segundos después, el Jefe me expresó: "Estoy herido, coge la ametralladora y párate a pelear". Entonces, yo le contesté: "Jefe, son muchos, vamos a ver si nos vamos, quiero salvarlo". Él volvió a repetirme: "Coge la ametralladora y vamos a pelear, que estoy herido". Mientras tanto, el carro que nos perseguía nos había rebasado por la derecha, tirándose un poco al paseo y desde el carro que lo rebasaba se hicieron disparos, que por su rapidez, presumo eran de fusiles ametralladoras; todas esas balas se pegaron en el carro y entiendo que algunas de ellas le dieron al Jefe. El carro que nos rebasó se tiró aun más a la derecha en el paseo, a consecuencia de yo haberle tirado encima el carro que conducía con el propósito de hacerlo salirse de la autopista. Pero al ser un carro tan veloz, de más potencia que el mío, pudo rebasarme y se cruzó hacia la izquierda, atravesándonos y debiendo yo frenar para no chocar con el carro que se me cruzó.
En esos momentos en que frenaba, traté de virar el carro nuestro hacia Ciudad Trujillo, desviándome hacia la izquierda y quedando nuestro vehículo ubicado con el frente izquierdo ligeramente introducido en la grama central de la autopista. Al detenerme y volver la cara hacia detrás para mirar al Jefe, había abierto la puerta y se apresuraba a desmontarse, teniendo ya un pie en tierra. Lo vi bajar deslizando su cuerpo hacia el estribo, dándome la impresión de que estaba mal herido. Mientras bajaba hacia el estribo, pude ver que con sus manos buscaba en los bolsillos traseros un revólver pequeño calibre 38 corto, que acostumbraba portar y que fue la única arma que utilizó. Mientras tanto, desde el automóvil enemigo que nos había rebasado y el cual se había ubicado en la pista contraria a la nuestra, es decir, dirección oeste-este, se había detenido a unos 13 metros de distancia del nuestro, con el frente delantero derecho saliendo de la autopista y penetrando en el paseo derecho de ellos. Los ocupantes de este automóvil ya se habían desmontado y nos disparaban con nutrido fuego hacia nosotros.
En esos momentos, le dije al Jefe: "A mí me hirieron también". El fuego que se nos hacían era cada vez más intenso. El Jefe se desmontó del vehículo y avanzó hacia la parte delantera derecha, y pude ver que disparaba con su revólver hacia los enemigos, con su pequeño revólver. Mientras tanto, yo tomé un fusil automático M1 (semi) y comencé a disparar sobre ellos. Cuando yo comencé a disparar, fue cuando vi al Jefe que avanzaba tres o cuatro metros delante del bómper del carro y cayó de bruces con el frente hacia el pavimento, dando media vuelta al caer, cayendo inerte. Presumo que el Jefe cayó muerto ya que no lo vi moverse más durante el tiempo que duró el combate que yo sostuve con los asaltantes. Descargué el fusil M-1 semi-automático con el cual disparaba y tomé una ametralladora Luger corta, disparando hacia el enemigo de manera intermitente, ya que debía racionar mis cápsulas para el combate que yo entendí se prolongaría. Vi cuando uno de los asaltantes avanzó hacia el cuerpo inerte del Jefe y al llegarle cerca le disparé algunas cápsulas que lo hirieron, dejando caer el asaltante su pistola o dando gritos de que se sentía herido.
Luego, después me salió otro asaltante delante del carro disparando hacia mí; yo entonces le contesté con disparos, habiéndome dado cuenta que había caído y su pistola había caído en el pavimento, pero prontamente se levantó y volvió hacia su carro. Luego, cuando se acabaron los tiros de la ametralladora que yo portaba adelante, abrí la puerta del lado derecho del carro y me desmonté para coger la ametralladora del Jefe que estaba detrás del carro. Logré alcanzarla, y cuando me disponía a sobarla para disparar, fui alcanzado una vez más en la cabeza, por un disparo que me derribó, dejándome sin sentido. Es lo último que recuerdo en relación al asalto y al combate, en el cual recibí heridas en las dos piernas, en el muslo izquierdo y dos heridas en el vientre, dos heridas en el hombro derecho, una herida en el tobillo derecho y una herida en la cabeza que me fracturó o astilló la parte superior del frontal. Cuando recobré el conocimiento, un tiempo después que no puedo precisar, encontré la ametralladora Thompson a unos pasos de mí, así como algunas distancias de la ametralladora, en el lugar donde vi caer al Jefe, el kepis que éste usaba esa noche.
Recogí ambas cosas y me senté en una verja situada a la derecha de donde me encontraba y esperé unos cinco minutos para ver si me traía a Ciudad Trujillo, ya que el vehículo en que nosotros andábamos no estaba en el lugar del hecho y los asaltantes tampoco se encontraban ya en ese lugar, suponiendo yo que se habían llevado el cuerpo del Jefe. Momentos después, aparecieron algunos campesinos, quienes fueron los que me condujeron hacia la antigua carretera Sánchez, donde fui trasladado al Hospital Marión donde quedé internado, habiendo sido dado de alta el día 17 de junio de este año.
P. ¿Tiene usted algo más que declarar?
R. No señor.
Con lo cual dimos por terminado el presente interrogatorio que después de leído al declarante y expresar su conformidad, lo firma junto con nosotros y el secretario que certifica.
· Zacarías de la Cruz
Mayor, A.M. Declarante
· Dr. Wilfredo Mejía Alvarado
Juez de Instrucción
· Ricardo Fco. Gaspar Thevenin
Secretario
· Dr. Teodoro Tejeda Díaz
Procurador





